Back to School!

Lentamente volvimos a despertarle la ilusión a los chicos de la vuelta a clases. En nuestro caso, comenzamos hace dos días, con tiempos muy cortitos y una normalidad un tanto extraña para un jardín de infantes con vivencias mediadas por las máscaras, el alcohol en gel y el distanciamiento social. Hoy quería contarte sobre nuestra experiencia y cómo ayudar a los más chicos a ¡volver a clases con ganas!

Mi hija nunca había ido a la escuela antes, digamos fue a su sala de 3 pero sólo 10 días, que generaron un impacto emocional enorme y bastante negativo. Creo yo que no estaba en ese momento emocionalmente preparada para ir al jardín, había muchos lazos que aún no habían sido cortados y digamos que el vínculo con la teta y la mamá jugaba en contra para que en ese momento Ivy pudiera iniciar su camino de persona independiente. Por suerte llegó la cuarentena y en el caso Argentino, nos dio todo un año para trabajar nuestra relación madre-hija y también disfrutar de eso que se iba y lo nuevo que venía. Con 4 años cumplidos, sin teta y durmiendo en su camita, Ivy estaba lista para ver a otros compañeritos sin tener a mamá al lado. Pidió a gritos en el verano poder jugar con pares, y cuando lo hacía demostraba ser capaz de tener interacciones positivas y productivas. ¡Ahora sí, estaba súper pronta para comenzar su jardín!

Días antes del inicio lectivo comencé a contarle qué iba a suceder, la llevé a su escuela para que conociera desde afuera la zona, visitamos las plazas más cercanas y nos aprendimos el camino para llegar. Después fuimos a comprar el uniforme y lo dejamos planchadito en el armario, como un tesoro preciado que cuando llegara el día tendría que usar. Sencillamente la idea era “cuando te pongas el uniforme vas a ser una nena grande” como si eso le diera superpoderes y coraje, y sólo pasaría el día en que finalmente abrieran las puertas.

Eso de estar ahora más tiempo en casa y menos pensando en el trabajo también me ayudó a vivir este back to school desde otro lugar, pensé en cada detalle del primer día. Nos levantamos temprano y cocinamos panqueques para el desayuno, un pequeño treat para que su inicio fuera dulce y sonriente. Jugamos durante la mañana, leímos cuentos, salimos a caminar con nuestras mascotas y cerca del mediodía nos pusimos a cocinar juntas. Sí, ella estaba tan ansiosa que decidió colaborar en todo. ¡Claro que a su manera! Preparamos un almuerzo con las cosas que más le gustaban, nos tomamos nuestro tiempo, y le aclaré durante todo el día los pasos a seguir: comemos, ordenamos, nos cambiamos, nos peinamos y lavamos los dientes, nos vamos. Ella tenía la hoja de ruta a seguir impregnada en la mente, y me recordaba lo que venía a continuación como para que yo no me olvidase- o para que ella lo registrase.

Sorprendentemente las ansias eran tales que se dejó peinar, en los días previos fuimos juntas a comprar chuflines nuevos para decorar su melena y solita fue a la habitación a buscarlos. Se sentó en el suelo y me dejó peinarla más de 4 minutos, un record familiar. Cuando estuvo lista tomó su mochila y me esperó en la puerta, porque ahora la que tardaba ¡Era yo! Es que no podía ocultar mi emoción, no era un simple dicho, ¡ahora si! ¡Era una nena grande! Cantamos las canciones que más nos gustan yendo al colegio, fuimos en vehículo, porque no queda tan cerca, por suerte acompañaba Shawn Mendes que le encanta. Sentí que ella era hasta más grande que yo por un momento…. Estacionamos lejos de la Marabunta, para ir a caminando y conversando. Me dio la mano fuerte, como si supiera el paso que iba a dar. Llegamos a la puerta y vio a todos los demás esperando. ¿Vos te vas a quedar con todas estas mamás afuera? preguntó. Supongo que la asustó mi cara de “no se que responderte porque temo que te pongas mal o te quieras quedar conmigo”, porque me dijo: “¡no te preocupes que yo voy a estar en el colegio ma!”

Y así fue como sola entró, se tomó la temperatura y se puso alcohol, como la nena grande que ya era. Ahora la que tenía que crecer era yo, y empezar mi propio camino, encontrarme de nuevo en un espacio que ahora sí era sólo mio.

PS: el secreto del éxito, celebrar el día con ella, estar presente, festejarle sus logros y encontrar al menos a un compañerito de sala que conozca antes de empezar. Ellos también necesitan grupo y pertenencia y hay que ayudarlos a construir seguridad.

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