Dame Límites

En los días que corren me encuentro cada vez más con la necesidad de poner límites. Cómo mamá del siglo XIX, no me identifico para nada con la autoridad, la jerarquía y la imposición a la hora de la crianza, considero que las cosas se consiguen por medio del amor y la dedicación, y que muchas veces usamos lo otro por falta de tiempo. El asunto es que la palabra límite, para muchos padres, es mala palabra y he descubierto que es algo que también hay que enseñar con amor y dedicación. Sencillamente nuestros hijos vienen al mundo para aprender, y aprender a vivir en sociedad y si desde casa los dejamos hacer todo sin consecuencias, y no les enseñamos la responsabilidad que acarean nuestras acciones, entonces seremos los culpables de educarlos irresponsablemente, culpables de sus frustraciones y malos entendimientos. Berrinches tienen todos los niños, pero como padres, no podemos dejar que nos impongan agenda todo el tiempo, especialmente cuando aún son infantes. Por eso, es esencial levantar el auto estima y poner límites cuando hay que ponerlos.

En esta etapa mi hija se empeña en desafiar ciertas cuestiones: primero, la hora de dormir, la evita, patalea, pega, se enoja, se escapa de la cama; lo hace de noche y lo hace de día. Pero como mi pequeña de noche se despierta mucho, considero como mamá que es prioritario que descanse, y que yo también lo haga. Por lo que decidí que la siesta no será más negociable y la conducta de la niña requiere un límite. En vez, entonces de dejarla jugar conmigo hasta rabiar, decidí que cuando vuelvo del trabajo, debo llevarla a su cuarto a leer historias hasta que se duerma, por más que el ritual a ella hoy le cause disgusto. Es notable la diferencia en su conducta cuando descansa, y cuando no, con lo cual en vez de escucharla a ella gritar “no quiero dormir”, leo su lenguaje corporal y en eso me baso para decidir, si esa tarde realmente no quiere siesta o es parte del juego “empujemos a mamá hasta que diga basta”. El basta nunca es con un grito, siempre es con paciencia. Entiendo que todos tenemos nuestros días agitados, pero a veces con un ratito más, y más mimos, llegamos a Roma aún más rápido.

El segundo límite que está pidiendo es en la cena, “No quiero comer, quiero jugar un ratito mas”, dice la niña, tras lo cual revolea todo lo que tiene en la mano para demostrar su disgusto. En ese momento, la madre la sienta igual a la mesa, obviamente después de calmarla previamente, y se le da igual de cenar, con mimos, con dibujos si es que hay internet disponible, despacio, esperando que a su tiempo la actitud cambie de rumbo.

Cuando se pone rebelde y pega o patea, o tira cosas, se le marca lo que hizo mal y se la obliga a pedir disculpas, algo que por medio de la empatía logró captar y asimilar sin ninguna dificultad.

Los niños nos obligan a ponerles límites porque ellos no saben como comportarse en sociedad, y para aprenderlo, empujan sus conductas hacia el extremo esperando ver hasta dónde pueden tirar de la cuerda; esto no lo hacen porque jueguen con nuestra psiquis, es porque van caminando por un túnel y no saben donde está la salida, los que debemos mostrárles esa salida, somos nosotros, la salida a veces es indicar qué es lo que estamos dispuestos a aceptar y qué no, dejando de ser tan ingenuos como para aceptar todas las conductas y ofrecerles 100.000 justificativos.

Ayudá a tu bebé, desde el inicio a distinguir qué está bien y qué está mal, vos sos su referente más importante.

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