Leer desde la primera infancia

No hay nada más placentero en estas tardes de invierno que sentarse a leer un buen libro, disfrutar de las historias, despertar nuestra imaginación y por qué no ampliar nuestro vocabulario, junto a un humeante café… Y si tanto placer nos causa a los adultos, ¡Imagínense lo que un libro puede hacer en un bebé! Está comprobado que leerle al niño desde la primera infancia es éxito garantizado para generar buenos hábitos de lecto-comprensión en el futuro, por eso he decidido contarles hoy qué leemos con mi hija, cómo leemos, y que consecuencias ha tenido hasta el momento esta genial práctica en el desarrollo de mi niña de 1 año y medio.

Comencé a leerle a Ivana desde el día en que nació. Al principio le leía todo lo que estaba leyendo yo, generalmente mientras la amamantaba. A veces Jane Austen, a veces algún policial escandinavo y hasta la saga de los Shadow Hunters; todo en idiomas distintos. No pretendía yo, apenas nació, que mi hija entendiera la narrativa de esos textos, sino que se acostumbrara a oír mi voz y supiera que las horas de dormir venían acompañadas de la lectura.

Cuando ya tenía algunos meses comencé a inclinarme por cuentos para niños con ilustraciones, busqué cuentos cortos con ilustraciones fáciles y colores llamativos; al principio Ivana los miraba con detenimiento, después aprendió a pasar las páginas, y con el tiempo me percaté que los 5 o 10 minutos que tardaba yo en leerlos me ayudaban a dormirla, pues mágicamente cuando llegábamos a la parte de colorín colorado, esos ojos se habían cerrado.

Existen muchos cuentos para niños, pero me di cuenta que aquellos que vienen de las escuelas francesas son los más pedagógicos, recomiendo un autor Pere Castor y sus historias para crecer, y Jean Baptiste Baronian, con su cuento “Con Todo mi corazón”, pequeños relatos bien ilustrados que enseñan sutilmente sin confundir por medio del reino animal.

A Ivana le encantan los cuentos y cuando empezó a caminar comenzamos a visitar librerías, donde ella saca, mira, analiza y revuelve, no dejen de pasar por una biblioteca con sus bebés, por más que parezca que molestan, tienen que aprender a interactuar con los libros, déjenlos experimentar.

Hoy, con un año y seis meses, Ivana cuenta con su propia biblioteca, a dónde va cada mañana al levantarse y cada vez que quiere dormir. Todas las tardes Ivana saca un cuento y me lo trae, lo leemos juntas y después duerme la siesta. Por las noches la rutina es la misma, sólo que en vez de abrir el libro mamá le cuenta las historias de memoria. Esas historias siempre terminan igual: “Y mientras todo esto pasaba en algún lugar o reino lejano, tú descansabas y soñabas con todo eso, que hoy escuchamos”.

Gracias a este hábito Ivana incorporó mucho vocabulario a su pronta edad: sabe los colores, sabe el nombre de los animales, repite los nombres de los personajes de sus cuentos, y desarrolló con mayor velocidad que un niño sin estimulación la facultad de asociación.

Leer es un hábito que se aprende desde casa, es esencial en la estimulación temprana y está comprobado que ayuda al niño en su proceso de escolarización y alfabetización.

No dejes de leerle a tu hijo, encuentra el tiempo para generar la rutina y hacer en tu propio hogar un espacio de lectura. Recuerda que los cuentos, las historias y tu voz, no sólo ayudan a desarrollar la imaginación de tu bebé sino también refuerzan tu vínculo con él, construyendo memorias y hábitos que permanecerán por siempre.

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